lunes, 16 de abril de 2018

UN BOQUETE EN EL ESTÓMAGO

...también una elevación de los pulmones que acabó estrujándome la garganta, un hormigueo en las extremidades y un flujo de lágrimas que pugnó, sin éxito, por romper hacia afuera. Tales fueron las sensaciones físicas que me produjo uno de los momentos cumbres de "Stabat Mater", la obra coral y sinfónica en diez movimientos que creó Antonín Dvorák tras sufrir dos gravísimas pérdidas familiares. No hubo la menor connotación religiosa en todo ello, pese al trasfondo de la composición y al hecho de interpretarse en una iglesia (la de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en Madrid). Fue, supongo, la confluencia de esa imponente explosión musical de más de ciento cincuenta voces y docenas de exaltados instrumentos con el abismo del misterio que a veces se abre en mi interior. Una vivencia para el recuerdo que debo agradecer a la Orquesta Juventas y a la Coral del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. A la primera he tenido ocasión de disfrutarla varias veces en el salón de actos de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense, en sendos conciertos bien dirigidos por Rubén Fernández; una agrupación solvente y muy afinada que constituye un auténtico vivero de buenos músicos. La Coral, por su parte, supo dar a "Stabat" toda su dimensión artística y la plena grandeza trágica que, en su momento, necesitaba expresar Dvorák. Muchos cientos de familiares, amigos y conocidos de los numerosos intérpretes formaron una larga cola en la calle para abarrotar finalmente el templo, sobre todo de pie, en medio de grandes incomodidades. Pero el acontecimiento mereció esa pena.

miércoles, 28 de febrero de 2018

AMIGO FORGES: ¿S0M0S MEDIOCRES?

Se comenta por ahí que, antes de morir, y sin que sirviera de precedente, tú, brillante humorista gráfico, te pusiste serio por una vez y dejaste un escrito que ha sido publicado ahora a título póstumo en el que explicas por qué te parece España un país mediocre. Si todo esto es cierto sólo puedo responderte que estoy de acuerdo contigo. Somos mediocres. España es un país mediocre. Se me figura también que la mediocridad tiene muchos grados, como la temperatura y la presión atmosférica. Y que todos los países del mundo ocupan uno de esos niveles, salvo rara excepción; dentro de los históricos, España flota a la deriva en uno de los más bajos, ciertamente. Se me antoja que toda esta mediocridad mundial es consecuencia directa de la mediocridad del pensamiento no estrictamente objetivo, práctico, operativo, factual: es decir, la del pensamiento puramente especulativo que no tiene ningún desempeño científico ni tecnológico. Este pensamiento que elucubra, imagina, fantasea, cree y desea acerca de lo divino y humano, del más allá y del más acá, el pasado y el futuro, me resulta, en general, patéticamente fragmentario y parcial, divisivo y sesgado, una precariedad del tamaño del nuevo "empleo" en España. No refleja ni por asomo la verdadera índole de las cosas. Únicamente proyecta ilusiones hueras, espejismos vacuos, crea delirios fantasmagóricos, visiones más o menos alucinadas, teorías caprichosas y arrebatos románticos sin base alguna. Destila separación, antagonismo y conflicto por todos sus poros. Provoca a cada paso ignorancia, miedo y sufrimiento. Representa, en suma, la falsa realidad. El pensamiento egocéntrico, con su vasto cortejo de emociones, sentimientos y pulsiones, es relativista, pobre y feo. Es mediocre. Por eso, amigo Forges, siento que tienes razón: somos mediocres; pero no sólo los españoles sino casi todos los humanos sobre este planeta; unos más y otros menos, pero casi todos mediocres. Que tengas buen viaje hacia la nada o lo que sea.

lunes, 26 de febrero de 2018

VÍA LIBRE AL CÍRCULO POLAR

Ya tenemos libre acceso al Círculo Polar Ártico: nosotros... y los vientos. Gracias al cambio climático, un carguero ruso navegó hace menos de dos semanas por las aguas boreales sin la escolta, obligada hasta ahora en invierno, de un rompehielos que le abriese camino; igualmente, el intenso frío de aquellas latitudes se descuelga estos días hasta España con sorprendente facilidad, mientras, por contra, los vientos meridionales se cuelan tranquilamente dentro del Círculo Polar, calentando algunas de sus zonas 30ºC por encima de lo habitual en estos meses. Tales hechos refuerzan considerablemente la tesis de que la Corriente en Chorro polar se ha debilitado, lo cual, de confirmarse del todo, sería una muy mala noticia. Dicho flujo de vientos rodea incansablemente el Océano Glacial Ártico y ha tenido siempre tanta fuerza y velocidad que ha resultado ser casi impermeable, es decir: muy pocas veces dejaba salir el aire de su interior en dirección sur y apenas permitía el paso de los vientos en sentido contrario, preservando el santuario polar como una inmensa cámara frigorífica bastante bien aislada. Todo esto parece haberse ido al traste. El futuro de los hielos boreales se presenta amenazador, comprometiendo gravemente nuestra supervivencia, ya que el equilibrio del clima terrestre depende de aquéllos de un modo crucial. En un intento por alejar de mi mente estas preocupaciones, asisto al concierto del joven pianista Alexandre Kantorow. El ¨allegro bárbaro¨ de Bèla Bartók con el que arranca sacude mis neuronas y las deja bien maceradas para la sonata nº 2 de Johannes Brahms. Me hipnotiza la danza frenética de sus dedos sobre el teclado y, para cuando me sirve una rapsodia del mismo compositor, ya me he convertido en otro amante del Círculo Polar. Casi lloro por los pobres osos blancos que pronto no tendrán hielos sobre los que sostenerse ni, por tanto, nada que comer. Otra rapsodia, ésta de Bèla Bartók, me hace bailar directamente sobre el Polo Norte la fúnebre despedida de aquella blancura sin límites. Y más rapsodias que prolongan el duelo boreal, ésta es húngara, lleva el nº 11 y me la obsequia Franz Listz a través del magnífico Kantorow, que al final prodiga sus reverencias para agradecer tanto aplauso del respetable. Cuando cierro los ojos, recostado en el sofá de casa, veo venir hacia mí los últimos grandes icebergs de la Historia. Supongo que se formarán otros nuevos dentro de varios millones de años pero ¿habrá ojos parecidos a los nuestros que puedan contemplarlos?.

martes, 13 de febrero de 2018

VIENTOS DE FEBRERO

Un día después de mi cumpleaños, nos abrimos paso a través de la ventisca con los dientes apretados y la mirada fija en las ráfagas de nieve que chocan violentamente contra el parabrisas. La niebla se torna espesa por momentos y ya apenas vemos el coche que nos marca delante la prudente fila india. No nos fiamos del otro carril de la autovía que aparece casi helado; sólo algún que otro impaciente nos adelanta por él camino del puerto de Somosierra. ¿Lograremos cruzarlo antes del inminente cierre de la A-1 y llegar a Madrid?. Con ésta y muchas otras preguntas inauguramos el gélido mes de febrero que discurrirá también por unos delicados archivos del Pentágono que saca a la luz cinematográfica un Steven Spielberg más atento a sus personajes y al tratamiento serio de los temas. Esos documentos de hace más de medio siglo nos hablan de la gran mentira que fue la guerra de Vietnam y la deliberadamente inútil carnicería de 59.000 militares norteamericanos y de más de tres millones de ciudadanos de aquel desdichado país. Vemos la película justo cuando estoy acabando de leer una biografía no autorizada de ese famoso director escrita por el australiano John Baxter. Entremedias, un ameno concurso de chirigotas en el auditorio madrileño de Comisiones Obreras, un paseo por las calles céntricas de la capital en plena ebullición carnavalera, un concierto de "Ensemble Una Cosa Rara", trío de clarinetistas que me sitúa en el imaginario Café Saumell (homenaje al prolífico autor de contradanzas Manuel Saumell), en una Habana de mediados del siglo XIX animada por ritmos y músicas de muy distinta procedencia (tangos, polcas, valses, danzonas y habaneras). Ahora me sumerjo en el mundo etéreo que ya encontré en "Memorias de una geisha" y vuelvo a hallar en esta delicada novela de David Crespo "El jardín de Sonoko", donde la proverbial sutileza de ciertos modos de ser y de hacer de los japoneses se mezcla con una aguda penetración psicológica del narrador en la descripción de sus criaturas y con el minucioso detalle de sus escenarios. Por lo que llevo leído, parece una caligrafía literaria de alto nivel. Desde mi ventana veo soplar todavía los afilados vientos de febrero, acosado por los síntomas de mi segundo resfriado de invierno. Pero el viernes bailamos Bollywood de nuevo y tenemos que ensayar para mejorar un poco más nuestro precario arte de tercera edad. Así que me despido y hasta pronto.

sábado, 13 de enero de 2018

UN COMBINADO, POR FAVOR




Es glorioso hundirse hasta las rodillas en las nieves del Guadarrama, luchando por alcanzar la Bola del Mundo, mientras el sol juega con los carámbanos irisados en las ramas de los abetos aplastados bajo su peso. Sucesivas líneas de montañas blancas llenan el horizonte occidental y la meseta norte segoviana se divisa mordida por el hielo y oscurecida por brumas lejanas. Hay que subir, subir siempre, a pesar de la congestión nasal que no me deja respirar y el duro desafío de la pendiente.
También Laura intenta subir la pendiente de la vida y dejar atrás la oscuridad en la novela "Qué vas a hacer con el resto de tu vida", de la joven y prometedora Laura Ferrero. Ella cree poder encontrar en Nueva York las claves de su drama personal pero aquéllo es una isla y sólo le devuelve su imagen atrapada por las miserias y contradicciones de las que, en realidad, quiere huir. Interesante relato que evoco entre dos muñecos de nieve que los excursionistas han modelado en el collado de las Cabrillas.
Recuerdo igualmente otra novela leída hace poco:  "Los besos en el pan", de una Almudena Grandes concienciada y militante. Habla de los estragos humanos producidos en España por los llamados "reajustes neoliberales" a raíz de la crisis económica de 2008. Pequeños comercios arruinados y cerrados en hilera por las calles, profesionales acomodados que, de pronto, pierden su empleo, luego su estatus económico y social, después el apoyo de sus familiares y amigos y, más tarde, las ganas de seguir viviendo. El siguiente paso es el suicidio, claro. Familias desarraigadas y enfrentadas por las privaciones que finalmente estallan en un rosicler de llantos, acusaciones y reproches mutuos. Desahucios de la propia vivienda y cortes de luz, gas y agua crueles hasta lo inhumano. La necesidad, pues, de besar y conservar el pan hasta la última miga que tienen ahora en este desdichado país millones de personas, tal y como nos aconsejaban nuestros abuelos víctimas de la guerra civil y luego de la posguerra.
Sirvo este combinado de nieves, montañas y novelas de actualidad bajo un crespón de cielo invernal que destila copos diminutos y llorosos. Este enero en Madrid no es precisamente una fiesta. Pero nos las ingeniamos para salir adelante y seguir persiguiendo nuevas Bolas del Mundo.

viernes, 15 de diciembre de 2017

LA EXISTENCIA

Mi más profunda intuición entra de vez en cuando en resonancia con algo indefinible y me insinúa que la existencia no es lo que parece. Ya de entrada asumo la posibilidad de que me esté contando otro delirium tremens, el clásico rollo patatero urdido por la fantasía, el habitual engendro metafísico de la imaginación. Pero no se cansa de repetírmelo.
¿Y qué me está diciendo esa pesada?. Pues que la existencia es un flujo que carece de límites, nunca se detiene, cambia completamente a cada instante y no puede encerrarse en palabras, imágenes o cualquier otro molde diseñado por el pensamiento. Es la mar de escurridiza la amiga, tanto, que casi nadie tiene ni la menor idea de su naturaleza, incluido yo, obviamente.
Me dice también que la existencia es pura creación en sí misma que se expresa cual infinito cosmos sin principio ni fin poblado de innumerables universos-burbuja como el nuestro; que ella se traduce en amor, belleza y libertad; y que el ser humano, lejos de vivirla en plenitud, se arrastra por el mundo totalmente ajeno a su esplendor, sin catarla en absoluto.
Me asegura igualmente que la existencia es la única verdad, que ella es nacimiento, floración y muerte, todo a la vez, que es la eternidad resumida y desplegada en cada instante; que es el súmmum de la inteligencia, el júbilo y la felicidad; que es simplemente seguridad; y que ninguno de nosotros tiene la menor posibilidad de encontrarla por muchas florituras que hagamos: nos lo impiden el pensamiento especulativo de carácter psicológico, el ego individual y colectivo que aquél ha creado, las adquisiciones, acumulaciones y fantasías del yo acerca de la realidad, y todo lo que hemos construido en base a lo anterior desde los albores de nuestra especie.
Me suelta, por último, que hasta que no descartemos completamente la estructura alzada por la mente egocéntrica, será inviable la inmersión en el océano de la existencia.
Seguiremos, pues, existiendo sin existir y viviendo sin vivir realmente.
Todo esto me dice la pesada. Y cuando le pregunto si la tal existencia vendrá cuando eche abajo todo ese montaje del yo (si es que tal cosa fuera posible), me responde la muy pícara que tal vez, que quizá, que si ella quiere...
No sé qué opinarán ustedes. Pero van a perdonarme que siga atentamente a la escucha de sus entrañables susurros, por si acaso.


jueves, 28 de septiembre de 2017

LAS ISLAS DE LOS DIOSES


Amanezco fondeado en el cráter de la isla de Santorini, la antigua Thera. El mar lo inundó tras una formidable explosión volcánica que alteró el clima de medio planeta en el año 1.650 antes de Cristo. Miro alrededor las paredes de la gran caldera sobrecogido por sus dimensiones telúricas. Después, visitamos los preciosos pueblos blancos colgados de sus bordes.


Oia es un sueño de soles cegadores sobre la cal viva de sus casas, una sinfonía de azoteas, palmas, adelfas y buganvillas, un vértigo asomado al abismo bajo el cual flota el "Horizon", nuestro gigantesco buque.





Fira desparrama sobre el acantilado sus perfiles de verdes piscinas, iglesias ortodoxas y cúpulas redondas. Dice la leyenda que aquí llegó Cadmo en busca de su hermana Europa, raptada por el dios Zeus, y fundó una colonia.



Rodas también se vio favorecida por los dioses. La ocupó Helios, quien, a su vez, casó con la hija de Poseidón, la ninfa Rodo, que da nombre a esta isla.


 Nos encanta la visión de su capital desde cubierta. Sus largas murallas, almenas y palacios, entreverados de cipreses, magnolios y algarrobos, me recuerdan las vistas panorámicas de la Alhambra granadina.


 El recorrido posterior por su casco medieval nos sorprende agradablemente. ¡Qué profusión de palacios, iglesias, casonas, conventos, fosos y albergues construidos por los antiguos cruzados!.


En la bocana del puerto buscamos, en vano,  las huellas de las inmensas plantas de los pies del Coloso de Rodas, una de las Siete Maravillas del mundo antiguo, abatida por un gran terremoto hace más de dos mil años. Un baño en la playa anexa nos alivia al final de los intensos calores del día.
Y llegamos a Mykonos, la isla de suaves montes, pueblecitos también blanqueados, como toda Grecia, molinos de viento y turismo explosivo, animada por las perspectivas en torno del archipiélago de las Cícladas, con vistas también a la cercana isla de Delos, cuna del dios Apolo, la cual emergió del mar ensartada por el tridente de Poseidón.


 Tras la guerra de Troya, Atenea y el citado Poseidón provocaron la muerte de Ayax el Menor, enterrado aquí por Tetis. Y sepultados igualmente se hallan los gigantes vencidos por Heracles. Festejamos nuestra estancia con otro baño fugaz en un remanso concurridísimo de Jora, la capital.


No dejamos de lado el contacto físico con Creta, la isla más grande de Grecia, repleta de cadenas montañosas que la atraviesan de punta a punta, sede de la antigua civilización minoica. Exploramos el viejo y hermoso barrio veneciano de Chania, pródigo en rincones sombreados e intimistas, raíces de plantas trepadoras decorando limpias fachadas rosas y el reclamo de rododendros enmarcando finas agujas de iglesias y palacios. Vemos también el Museo Arqueológico y el viejo Mercado de especias.




Nuestro mejor baño en las aguas frescas y cristalinas del Mar Egeo fue en Patmos, una isla llena de resonancias bíblicas y de atractivas panorámicas aéreas del relieve costero del archipiélago del Dodecaneso.
Y no podía faltar la visita de Atenas, con su reconstruido estadio de Mármaris, su Arco de Adriano, su esplendorosa Academia, su austero edificio del Parlamento, su mítica Acrópolis, con el pobre Partenón envuelto en grúas y andamios de rehabilitación, sus cinco millones de habitantes arracimados entre colinas asomadas al mar y un floreo de cipreses, su tráfico sofocante y su densa contaminación.


Nos quedamos, por supuesto, con el hechizo de esas joyas del Egeo, las islas de los dioses y los héroes, esa música de arpa y cítara alojada para siempre en nuestros recuerdos.

jueves, 6 de julio de 2017

POEMAS DE VIENTO Y DE AGUA

Ella me dice: "No temo a la muerte
ni al libre fluir de las aguas del tiempo.
No me asustan los saltos vertiginosos
ni los abismos abiertos
en el nudo de mis entrañas.
No me arredran los misterios sin apelación
ni tampoco los enigmas cifrados
en aquella sonrisa de la Esfinge
retorcida por el siroco.
Me aterran, en cambio, los espinos
escondidos en siniestros meandros,
las vías, tubos y sondas de hospital
horadándome la piel
y desecando mis pobres mucosas,
las palabras protocolarias
de médicos y enfermeras
que nada significan
y menos todavía logran ocultar.
No quiero, pues, dispensarios,
ambulatorios, quirófanos
ni hospitales.
Deseo una muerte digna y humana
cuando me tenga que llegar".
Yo asiento con la cabeza,
le cojo un instante la mano
y musito quedo:
"Soy de tu parecer y, en su momento,
pienso hacer igual".



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Suena la tierna guitarra
con ecos de luna y sombra,
y sentado en el albero de la plaza
veo a Venus suspirar
entre resplandores de ocaso
sobre la línea quebrada de los montes
que ya se visten de noche.
Suena la tierna guitarra
transida de pena y nostalgia,
mientras padre e hija componen sobre las tablas
sus siluetas ondulantes,
sus brazos de llama y nieve,
sus manos abiertas en flor
y sus raudos taconeos
que labran surcos en mi alma
de puro baile flamenco.
¡Qué hermosas estampas
sazonadas por el cante singular de Piqueras,
todo fuego, resoles y abrojos!.
¡Qué belleza de niña rubia,
niña de oro, brocales y rosas!.
¡Qué gallarda la figura
de su maduro progenitor,
un vendaval de pasión
entre bulerías, soleares y fandangos!.
Mirabrá se llama el grupo,
y por El Tiemblo pasó,
recién estrenado Julio,
dejando un reguero de entusiasmo,
un viento que nada calma,
y una ola de tronío
que sólo el Gran Arte alcanza.

jueves, 1 de junio de 2017

MÚSICA, SÓLO MÚSICA

Hay posibilidades claras de que nuestro universo particular sea una sinfonía de cuerdas, bucles y membranas vibrando en una amplia escala de tonalidades. La armonía de esta música serían las leyes de la Física, su melodía serían las leyes de la Química y cada nota sería una partícula subatómica, de ésas que componen el mundo alrededor y nuestros cuerpos, o una fuerza de la Naturaleza. El Cosmos entero bien podría ser una espumosa sinfonía de infinitos universos-burbuja ensortijando el hiperespacio de once dimensiones.

                         (imagen tomada de Pixabay)

Esto no es ciencia-ficción. La Teoría M no es ninguna broma. Tiene bastantes papeletas en el sorteo de la realidad. De modo que podemos estar danzando perpetuamente en el seno de la inefable Música Cósmica sin tener ni idea. Quizá por eso nuestra música particular nos despierte tan íntimas e inspiradas resonancias.
Dicho Cosmos no tendría principio ni fin ni límite alguno. A cada instante nacería un número infinito de universos y otros tantos desaparecerían en la nada amenizando la hirviente olla de la existencia.

                        (imagen tomada de Pixabay)

Ahora descendemos de la Música Cósmica a la música y danza del Ballet Ara, de Madrid. Como cada año ha venido a las fiestas del barrio de Aluche a deleitarnos con sus bailes goyescos, sus boogy-boogy, sus chotis, tangos bonaerenses, balalaikas rusas, jotas, zambras y danzas clásicas, dirigido por la experta mano de Carmina Villares, y realzado por su arte singular y su variado e impecable vestuario. Ahí estuvimos, ante la Concha, a pie firme hasta casi las once, aplaudiendo a cada rato con entusiasmo.


A este festival aún traía fresca en la retina la vibrante y poderosa actuación de días antes de Amparanoia, esa opulenta matrona de voz aguardentosa, densa y desgarrada, y su nutrida banda de psicofantes, con esa música tan ocurrente, tan capaz de generar ambiente.
También conservaba en mi memoria el vivo impacto de Ensemble Vivalma, trío femenino de violín, clave y viola da gamba que me transportó intacto a la música del barroco francés de los siglos XVII y XVIII, con Marin Marais y François Francoeur como compositores estelares y el añadido inestimable del italiano Alessandro Scarlatti.


Y es que, al fin y al cabo, parece que en todo el Cosmos hay música y sólo música.

sábado, 27 de mayo de 2017

SOCIEDAD LÍQUIDA

                          (foto tomada de Fotolia)

El ser humano actual se licúa y destiñe progresivamente, se deshace entre los dedos de la modernidad conforme ésta acelera el ritmo de sus cambios. Ya no ensaya ante el espejo una máscara de identidad estable y comprometida sino que prueba muchas adaptables a cada contexto o situación particular. Su palabra vale sólo para el momento; al doblar la esquina ya no vale nada y puede sustituirse por otra; ni siquiera sirven de gran cosa los contratos firmados: se violan siempre que convenga y haya un atisbo de impunidad.
El individuo se siente incierto y ambiguo entre tantas identidades sucesivas, más aislado que nunca de los otros pese a la maraña de redes sociales y estructuras digitales. Aspira a la autorrealización personal y exclusiva, y la persigue ansiosamente a través de un continuo trepar laboral y profesional y un consumismo frenético que nunca cesa. Concibe la felicidad como un fugaz estado de excitación que debe renovar a cada instante con el fuego de una insatisfacción crónica y estímulos inéditos. Transita por la vida con la fluidez del nómada resignado a mudar frecuentemente de país, de hogar, de pareja, de trabajo, de amigos, de valores, de ideas políticas y hasta de orientación sexual, pues cree que la globalización exige y justifica todo eso. Acata con cierta desgana el dictado imperial de las élites económicas, de los brutales oligopolios, y vota sin demasiada repugnancia a Gobiernos neoliberales que lo ejecutan.
El sujeto de nuestros días es tan escurridizo como el agua y tan volátil como un simulacro. Ensucia y desprecia el espacio público, asiste indiferente a su saqueo y amaga sublevaciones contra el desorden establecido que jamás se concretan porque en realidad se las finge a sí mismo. En el fondo se sabe frágil, vulnerable y más dependiente que nunca de los otros pero corre a tapar en seguida estas hondas impresiones con horas extras no remuneradas de trabajo, miles de mails y whatsshaps, y millones de byts de toda esa información que embota su cerebro de mandril postmoderno y anega nuestro embrutecido mundo.
Un mundo de tramas inconexas, cimientos socavados por corrientes subterráneas, estructuras inestables, nodos efímeros, relaciones inconsistentes, credos contradictorios, dinamicas sin coherencia alguna y principios delicuescentes.
Una sociedad verdaderamente líquida.